¿La protesta debió estar en las urnas? Una marcha que se aleja cada vez más de los salteños

Unos días antes de las elecciones un grupo de docentes y personal de la salud pública de Salta decidió comenzar con un paro pidiendo recomposición salarial, un 82% móvil, entre otras cosas.

Todo hasta ahí parecía un armado electoral de cara a unas elecciones que tenían un final cantado, la reelección de Gustavo Sáenz. Sin que desde el Gobierno se inmuten antes un grupo pequeño de manifestantes y abultada participación de referentes políticos de la izquierda, no prosperó ningún encuentro ya que hace meses se sabía que el 17 de mayo iniciaba nuevamente la negociación salarial con los gremios que debieran representarlos.

Pero pasaron las elecciones y nada cambió en Casa de Gobierno ya que sigue gobernando Sáenz y fue a vanagloriarse de su triunfo en Buenos Aires con funcionarios nacionales que responden a un estado nacional golpeado fuertemente por la bronca de los argentinos que no llegan a fin de mes y se ven abrumados por las fuertes cargas impositivas.

Pero mientras desde el gobierno de Salta se subestimaba esta manifestación, los reclamantes no perdieron el tiempo y lograron aglutinar cada vez más a compañeros de educación, salud y por supuesto a más organizaciones sociales que al escuchar la palabra marcha y cortes de calles, salieron presurosos a apoyarlos con banderas y megáfonos en mano.

El 25 de mayo con la detención de docentes y militantes obreros la noticia no tardó en llegar a los medios nacionales que poco conocen de la falta de representación sindical que existe en Salta y que desconocían por completo la complejidad de este conflicto que lejos de apaciguarse se incrementó con la declaración de “Represión”.

A la bronca de los manifestantes, la comunidad salteña la entendía e incluso se vieron varios días de alto acatamiento con escuelas cerradas, pero todo empezó a cambian mientras pasan las semanas y los chicos siguen en sus casas sin aprender ni a abrir un libro. Lucha por la educación pública perjudicando a la educación pública, al marcar una amplia brecha entre quienes pueden ir a una escuela privada y quiénes no.

A esto debemos sumarle el conocimiento de que el humitero que canta y es el concejal, José García, el más votado, gana por mes casi un millón de pesos bruto y 600 mil netos en bolsillo. Esto enardeció a la comunidad que no tardó en hacerle carteles, pancartas y hasta canciones “quiero ganar el millón de José”. Claro, trabajando casi 24 horas al día y sin cambiar el autito.

Nada de todo esto fue planeado sin dudas y todos queremos que los chicos regresen a clases, por ello el oficialismo, aunque no se sabe quién metió la mano negra, pero lo cierto es que al recinto de la Honorable Cámara de Diputados ingresó un proyecto desempolvado que busca ordenar las manifestaciones. Conocida ley antipiquetes que aprobaron diputados y senadores con la mayoría aplastante que tiene Sáenz en la Legislatura. “Apagar el fuego con nafta”. La bronca por no poder manifestarse terminó por molestar más a los manifestantes que tienen un reclamo que casi nadie termina de entender, ya que las paritarias se cerraron y los gremios aceptaron. Lejos de dar a conocer los motivos que los siguen teniendo en las calles, esta guerra que se libra tiene de rehenes a los salteños de bien que necesitan trabajar y tener a sus hijos en las escuelas.

Cada día que pasa se conocen historias una peor que la otra de lo que les ocurre mientras los estatales hacen paro, cortes de calles por todos lados  apoyados por las organizaciones sociales, abuelas que tienen que hacer defecar a sus niños en la calle porque están atorados en un corte, madres que tienen a sus hijos perdidos en la congestión, trabajadores que no pueden cumplir y así un sinfín de perjuicios en contra de quienes pagamos día a día los impuestos que abultan los salarios estatales. Debiendo rendirle explicaciones al pueblo quienes se manifiestan, se olvidan de lo más importante, los chicos.

Toda esta guerra librada entre los manifestantes (trabajadores de educación y Salud) y organizaciones sociales y el Gobierno de la Provincia nos hace pensar que la verdadera marcha debió darse el 14 de mayo, día de las elecciones. Si no se pudo ganar esa batalla en las urnas, al menos los salteños nos merecemos tener paz y tranquilidad para poder cumplir con la larga rutina de esfuerzos para sobrevivir hasta fin de mes.

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